Cuando era pequeño mi madre me preguntó…

Cuando era pequeño mi madre me preguntó cuál creía que era la parte más importante del cuerpo.

Yo pensaba que el sonido es trascendental, ya que te permite aprender y a la vez comprender mejor todo cuanto nos rodea. Y entonces le dije:

– ¡Mis oídos!-No, dijo ella. Muchas personas son sordas y a pesar de ello, construyen -con más esfuerzo que el resto de nosotros- una vida feliz…

Pasó un tiempo y mi madre volvió a preguntar. Yo ya había pensado bastante al respecto y creí haber dado con la respuesta adecuada. 

La visión es muy importante para todos. Nos permite contemplar el mundo y sin ella, no sabríamos cómo es éste en realidad.


– ¡Mama, la parte más importante de nuestro cuerpo son los ojos!


Ella me miró y me dijo:
– Todavía no tienes la respuesta precisa. También hay muchas personas que son ciegas y que con afán de superación, han conseguido hacerse una idea bastante aproximada del mundo y han podido, pese a todo, procurarse una vida feliz.

Siempre creí que era apenas un juego entre nosotros dos. Pero el día en que murió mi abuelo y ante mi dolor, ella me dijo:
– Hoy es el día en el que necesitas aprender por fin la lección. Creí que cuando te preguntaba, me dirías que el corazón, porque, obviamente, sin él no podemos vivir y porque se dice que es en el corazón donde residen los sentimientos. Pensé también que me dirías el cerebro, porque sin cerebro tampoco es viable la vida… pero la parte más importante del cuerpo son tus hombros.

Intrigado, pregunté: – ¿Porque sostienen mi cabeza?
– No, respondió, es porque ellos son el único lugar en el que podrás amparar y acoger a los que quieres, cuando estén tristes y lloren. Les podrás entregar tu corazón y les podrás dedicar los mejores pensamientos de tu cerebro, pero cuando la vida les duela y quieran consuelo, sólo tus hombros podrán dárselo y ni siquiera todas las palabras que seas capaz de pronunciar lograrían el mismo efecto… y creeme si te digo que todos necesitamos de un hombro para llorar en algún momento de nuestra vida.

Autor desconocido

Los hijos se van…

Hay que aceptarlos con esa condición, hay que criarlos con esa idea, hay que asumir esa realidad.

No es que se van… es que la vida se los lleva.

Ya no eres su centro.

Ya no eres propietario, eres consejero.

No diriges, aceptas. No mandas, acompañas.

No proyectas, respetas.

Ya necesitan otro amor, otro nido y otras perspectivas.

Ya les crecieron alas y quieren volar.

Ya les crecieron las raíces y maduraron por dentro.

Ya les pasó las borrascas de la adolescencia y tomaron el timón.

Ya miraron de frente la vida y sintieron el llamado, para vivirla por su cuenta.

Ya saben que son capaces de las mayores aventuras, y de la más completa realización. Ya buscarán un amor, que los respete, que quiera compartir sin temores ni angustias las altas y las bajas en el camino que les endulce el recorrido y los ayude en el fin que quieren conseguir.

Y si esa primera experiencia fue equivocada, tendrán la sabiduría y las fuerzas para soltarlas, así, otro amor les llegará para compartir sus vidas en armonía.

Ya no les caben las raíces en tu maceta, ni les basta tu abono para nutrirse, ni tu agua para saciarse, ni tu protección para vivir. Quieren crecer en otra dimensión, desarrollar su personalidad, enfrentar el viento de la vida, al sombro del amor y al rendimiento de sus facultades.

Tienen un camino y quieren explorarlo, lo importante es que sepan desandarlo, tienen alas y quieren abrirlas. Lo importante es el corazón sensible, la libertad asumida y la pasión a flor de piel.

Que la rienda sea con responsabilidad, y la formación, llena de luz.

Tú quedas adentro. En el cimiento de su edificio, en la raíz de su árbol, en la corteza de su estructura, en lo profundo de su corazón. Tu quedas atrás.

En la estela luminosa que deja el barco al partir.

En el beso que les mandas.

En el pañuelo que los despide.

En la oración que los sigue.

¡En la lágrima que los acompaña!

Tú quedas siempre en su interior aunque cambies de lugar…

Haz la vida de tus hijos tan feliz, que cuando partan, piensen en regresar, aunque solo sea para tomar tu mano y estar sólo un instante junto a ti.

Autor desconocido

Cosas que destruyen tu autoestima

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Descalificarse. “Yo no puedo hacer eso, no tengo la capacidad, no es posible”.

Actuar como víctima. Ante los problemas y dificultades (que todos tenemos), existen diversas maneras de actuar.

Depender de un tercero para sentirse mejor. Empieza a tomar las riendas de tu vida y a hacerte cargo de tus errores, por más graves que sean.

Ser perfeccionista. Las personas con estas tendencias suelen tener la autoestima más baja, porque nada de lo que hacen o dicen cumple con sus expectativas.

Compararse. Cada uno tiene lo que le ha tocado, lo que puede tener o lo que se merece.

Pensar sólo en los errores Todos los cometemos, aprende de ellos y trata de no volver a cometerlos.

Desconozco el autor

Diez años, diez reglas de la buena suerte

David le preguntó a Víctor:

—De acuerdo, dime: ¿Cuál es la diferencia entre la suerte y la Buena Suerte?

Víctor meditó antes de contestar:

—Cuando a vuestra familia os tocó una herencia, tuvisteis suerte. Pero esa suerte no depende de uno, por eso tampoco dura demasiado. Solo tuviste algo de suerte, por eso ahora no tienes nada. Yo, en cambio, me dediqué a crear suerte. La suerte, a secas, no depende de ti. La Buena Suerte, solo depende de ti. La verdadera, es esta última. La primera, sencillamente, no existe.

David no podía dar crédito a lo que estaba oyendo.

—¿Me estás diciendo que la suerte no existe?

—Bueno… Si quieres digamos que sí que existe, pero es demasiado improbable como para esperar que te ocurra a ti. Y, en ese caso, no dura demasiado, es efímera. ¿Sabías que casi el 90% de las personas a las que les ha tocado la lotería, no han tardado más de diez años en arruinarse o en volver a estar como antes estaban? En cambio, la Buena Suerte es posible siempre que te lo propongas. Por eso se llama la Buena Suerte, porque es la Buena, la de verdad.

Un fragmento de una historia que publiqué ya hace diez años a cuatro manos con mi amigo Fernando Trías de Bes; un libro que me ha reportado muchas satisfacciones. En especial, haber conectado con tantísimos lectoras y lectores en todo el mundo, en más de 40 idiomas y en multitud de países. Un libro que aún hoy seguís compartiendo y manteniendo vivo, algo que no puedo dejar de agradecer.

En esta entrada, avanzo las diez reglas sobre las que se fundamenta la historia, y que iré comentando en sucesivos posts.

Para empezar, os invito a reflexionar sobre un binomio interesante:

PREPARACIÓN + OPORTUNIDAD

Es decir, disponer de un conjunto de actitudes y de aptitudes con las saber aprovechar las opciones que se nos presenten. ¿El resultado de esta suma? Nada más y nada menos que LA BUENA SUERTE.

Álex Rovira

Tu VIDA ESTA al otro lado del MIEDO

La vida con MAYÚSCULAS esta del otro lado del miedo

Todos tenemos miedos
Nos los han inculcado desde pequeños y vamos creciendo con muchos miedos
Nuestro origen no determina nuestro destino
No creemos en nosotros mismos
Nunca nadie te va a preguntar cuanto tiempo tardaste en lograr algo
Lo que vale es ir por el camino que decides ir
Tenemos miedo al rechazo
Vivimos en un mundo en que todo el mundo opina de nosotros
Si nos muriéramos mañana las personas que opinan de nuestras vidas, pasado mañana seguirían con sus vidas tranquilamente
Tenemos miedo al fracaso
Tenemos miedo a no tener el compromiso suficiente a aquello que queremos conseguir
Tenemos miedo a rendirnos, no hay que rendirse
Tenemos miedo a confiar!

Coherencia

En la India había una vez una mujer cuyo hijo menor era diabético, y no sólo era fanático del azúcar, sino tambien un admirador de Mahatma Gandhi. La madre decidió buscar la sabiduría de Gandhi. Ella y su hijo viajaron tres días en tren para buscar el consejo del líder espiritual.

Cuando llegaron donde estaba Gandhi, esperaron en fila durante horas hasta que finalmente se les invitó a hablar con él. Una vez la madre hubo explicado la historia, Gandhi le respondió:
– “Por favor vuelve en 15 días.”
En vez de viajar de un lado a otro, la mujer y su hijo encontraron hospedaje temporal, y ella trabajó lavando platos en un restaurante local. Después de 15 días, volvieron donde estaba Gandhi buscando su consejo una vez más. Esta vez Gandhi se puso de pie, tomó al niño por los hombros, y dijo: 
– “Hijo mío, debes parar de comer azúcar.”

La madre estaba furiosa.

– “Con todo respeto, viajamos una gran distancia para buscar tu consejo, ¿y esto es todo lo que tienes para decirnos?”

A lo que Gandhi respondió:

– “Señora, no podía pedirle a su hijo que hiciera algo que yo mismo no podía hacer. Sólo ayer me fue posible sacar por completo el azúcar de mi dieta.

Mahatma Gandhi

Un camino es solo un camino

Un camino es sólo un camino; si sientes que no deberías seguirlo, no debes seguir en él bajo ninguna condición.
Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres necesario.
Luego hazte a ti mismo, y a ti solo, una pregunta.
Es una pregunta que sólo se hace un hombre muy viejo. Mi benefactor me habló de ella una vez cuando yo era joven, y mi sangre era demasiado vigorosa para que yo la entendiera,
Ahora sí la entiendo.
Te diré cuál es:
¿tiene corazón este camino?
Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna par­te. Son caminos que van por el matorral.
Puedo decir que en mi propia vida he recorrido caminos largos, largos, pero no estoy en ninguna parte.
Ahora tiene sentido la pregunta de mi benefactor, ¿Tiene corazón este camino? Si tiene, el camino es bueno; si no, de nada sirve.
Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte; el otro te debilita.

Carlos Castaneda