The Beatles – Let It Be

Cuando tengo momentos de angustia
la madre Mary se acerca a mí
diciendo sabias palabras, déjalo ser.
Y en mis horas de oscuridad
ella se queda delante de mí
diciendo sabias palabras, déjalo ser.
Déjalo estar, déjalo ser.
Susurrando sabias palabras
déjalo ser.

Y cuando los desconsolados
que viven en el mundo se pongan de acuerdo
habrá una respuesta, déjalo ser,
porque aunque vivan separados
todavía hay una posibilidad de que puedan ver,
habrá una respuesta, déjalo ser,
déjalo ser, déjalo ser,
susurrando sabias palabras, déjalo ser
déjalo ser, déjalo ser,
susurrando sabias palabras, déjalo ser.

Y cuando la noche está nublada
todavía hay una luz, que brilla sobre mí,
que brilla hasta mañana, déjala ser.
Me despierto al sonido de la música
la madre María se acerca a mí
diciendo sabias palabras, déjalo ser,
déjalo ser, déjalo ser,
habrá una respuesta, déjalo ser
déjalo ser, déjalo ser,
susurrando sabias palabras, déjalo ser.

Hacer que la vida valga la pena

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La vida es una sucesión de momentos alegres, de jornadas tristes, de sorpresas maravillosas y de noticias que nos rompen el corazón. Cuando una situación no tiene vuelta atrás, cuando algo no tiene remedio como el fallecimiento de un ser querido, no conseguiremos nada culpándonos a nosotros, o al mundo, ni honraremos la memoria de esa persona hundiéndonos en la tristeza.

Dejemos de luchar contra gigantes invencibles y dejémonos llevar por el flujo de la propia naturaleza de las cosas. La aceptación no es, en ningún caso, una fatal resignación.

Todo tiene una razón de ser, todo ocurre por algún motivo. Probablemente necesitemos vivir esa experiencia y aprender de ella.

Ante la adversidad el único camino es crecer. Está en nuestras manos decidir qué actitud vamos a tomar. La responsabilidad nos pertenece al cien por cien. Somos nosotros los que decidimos si nos volvemos a poner en pie y replanteamos nuestra realidad o si nos dejamos vencer y abandonamos toda ilusión de seguir adelante.

En nuestro interior hay escondida una grandeza, una fuerza inusitada que es capaz de enfrentar cualquier reto y que puede sobreponerse a toda adversidad y en nuestro corazón albergamos el asombroso poder de intuición que nos ayudará a ver con claridad lo que debemos hacer frente a cada circunstancia.

La vida puede llevarnos por caminos escarpados, por los que se nos hará muy difícil avanzar, pero hemos de perseverar mientras tengamos una sola gota de energía.

La vida es realmente valiosa. Haz que valga la pena. Busca aquello que te hace ilusión y poténcialo. Llena tu vida de ello, porque la ilusión mueve montañas.

Recuerda que la hora más fría y más oscura de la noche es cuando está a punto de amanecer.

El pescador de mentes de Christian de Selys.

El virus del pesimismo

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En la vida hemos encontrado, o vamos a encontrar, personas de actitud muy negativa que sólo se sienten cómodas cuando las demás ven las cosas con la misma negrura que ellas.

Disfrutan minusvalorando los éxitos y los logros de otras personas y gustan de hablar sólo de lo que está mal y lo hacen de una forma que lleva a pensar que lo que está mal sólo puede llegar a estar peor.
Siempre se están quejando y compadeciendo.

Es una actitud vital que se extiende a la totalidad de lo existente y no sólo a una parcela de las cosas.

Son como agujeros negros que aspiran la energía que hay a su alrededor.

Las relaciones con estas personas son tóxicas porque hunden anímicamente. Son compañías limitadoras, que hacen sentir mal, generan mal humor y pesimismo y abren las puertas al agotamiento psicológico e incluso a la depresión. Son, además, causantes de serios daños a la autoestima y frenan el potencial de desarrollo como personas.

Estas personas están “resignadas” a vivir con su forma de ser y terminan produciendo un rechazo generalizado porque, mientras no cambien de mentalidad, junto a ellas no puede haber vitalidad ni alegría.

Mario Alonso Puig

El sello de autenticidad

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La palabra “auténtico/a” procede de la griega authentés, contracción de auto y entés, que define a la persona que actúa por sí misma y es dueña de sus actos.

Ser auténtico consiste en ser coherente. Significa que hay una estrecha relación entre lo que se piensa y/o dice y lo que se hace. La persona auténtica vive como piensa y se manifiesta como realmente es y no como los demás quieren que sea.

En la sociedad actual las personas auténticas caminan por terrenos difíciles, pues, cada vez en mayor medida, los seres humanos se falsifican a sí mismos, llevan una doble o triple vida o moral, son inestables y no tienen criterios sólidos. Hoy en día es toda una proeza no venderse al mejor postor y no es extraño ver masas de gente a la deriva.

Las personas auténticas aman la verdad por encima de todo y se esfuerzan porque en su interior existan el menor número de contradicciones posibles.

Son personas íntegras y autónomas. Viven con rectitud, con responsabilidad y son capaces de ir contracorriente cuando el entorno social se vuelve permisivo y aparece el “todo vale”.

Están revestidas de autoridad: lo que dicen, lo hacen. Tienen una palabra que se mantiene contra viento y marea.

Tienen un solo lenguaje, frente a sí mismas y a los demás, por eso son sencillas, naturales, espontáneas y con estilo propio.

Sus vidas son equilibradas, armónicas y ecuánimes.

Las personas que se esfuerzan por ser auténticas están dispuestas a cambiar y corregir sus faltas.

La autenticidad es un acto de grandeza que está en la cumbre donde habitan las personas de categoría.

Enrique Rojas.

Deja de dramatizar

La palabra “dramatizar” se emplea para describir una actitud o reacción desmesurada, generalmente como parte de una queja o reproche. Se trata de una manera de sobredimensionar un problema y agravar una situación.

La vida tiene sus complejidades y es necesario estar preparados para ello. En muchas ocasiones se nos presentan desafíos y problemas a los que debemos hacer frente y resolver. Si tenemos una actitud serena y sabia, por lo general, hallaremos una solución, pero si en lugar de esto vociferamos, nos angustiamos, nos indignamos y, obviamente, protestamos, entonces estamos magnificando la situación. Una actitud sana consiste en evaluar correctamente un asunto y hallar propuestas para resolverlo, una actitud incorrecta es elevar todo a nivel de tragedia y depositar la responsabilidad en los demás para evadirse.

Ver las cosas desde una perspectiva sin tragedias nos brinda la capacidad para tomar decisiones certeras, pensar fríamente y con coherencia. Cuando decimos que algo es terrible nos colocamos en una situación bastante difícil que nos resta poder y nos hace ser víctimas, pues solucionar una tragedia es mucho más complicado que resolver algo que sencillamente parece malo.

Justamente, cuando más vulnerables emocionalmente somos, más tendemos a ubicar cada experiencia en rangos como terrible, insoportable o imposible. La explicación es sencilla: la inseguridad emocional produce una sensación de nerviosismo, malestar y poca valía y en su lugar que hace que aparezcan el temor y la crítica.

Rafael Santandreu afirma que las personas mentalmente fuertes están convencidas de que la mayor parte de las adversidades no son ni muy malas ni muy terribles. Ese es su secreto. Ahí está la fuente de su fortaleza, lo que las mantiene en calma.

Cuando nos enfrentemos a una seria dificultad, debemos serenarnos y estudiarla con tranquilidad. Solo así podremos lograr una visión objetiva del problema y descubrir pistas para su solución. Estamos dotados de inteligencia y podemos analizar profundamente las circunstancias adversas. No nos podemos declarar derrotados antes de enfrentar los problemas.

Brenda Barnaby.

El camino despejado

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Casi todas las mañanas, cuando voy a trabajar, me cruzo con un hombre con discapacidad visual que camina con un bastón. Lo observo y no me parece que muestre ninguna preocupación por los obstáculos de su alrededor.

No le distrae ni el ruido del tráfico, ni las mujeres que hablan en la puerta de una tienda, ni la música procedente de un coche aparcado, ni el ladrido de un perro al otro lado de la calle…

Usa el bastón para determinar una zona despejada suficiente para seguir moviéndose con seguridad y se mueve, así, con decisión. Él sabe dónde se encuentra y solo presta atención al camino que tiene libre por delante para continuar y si se topa con un obstáculo, tantea en busca del camino despejado que le rodea.

Yo continúo mi camino y pienso en las veces que voy por la vida distraída con lo sucede a mi alrededor, dejando que absorba toda mi atención, en lugar de centrarme en dónde me encuentro y adónde quiero ir.

¡Cuántas veces nos paraliza pensar en todos los obstáculos que tenemos ante nosotros y no vemos la sencillez del camino despejado que tenemos delante! ¡Cuántas veces cuando nos encontramos con un obstáculo seguimos chocando contra él!

Los obstáculos no desaparecerán de nuestro camino por arte de magia, pero sé, por experiencia, que si recorremos el camino interior que lleva al propio conocimiento, ese que permite conectar con la paz interior, brotarán la claridad y la resiliencia que pueden ayudarnos a ver el camino despejado para seguir adelante y tomar buenas decisiones.

Escúchate de Prem Rawat.

Dirigir la propia vida

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El compromiso de dirigir tu propia vida, protegerte y hacerte cargo de ti mismo es el más crucial de todos. De todas las responsabilidades que puedas asumir a lo largo de tu existencia, ninguna es tan determinante como la de cuidarte, protegerte, cultivarte, dirigir y orientar tu vida, darte ánimos, reconfortarte… En definitiva, hacerte cargo de ti mismo con todas las consecuencias.

Hay cinco objetivos, como los cinco dedos de la mano, que desde niños deberíamos ir aprendiendo y ejercitando para asumir el compromiso de dirigir nuestras propias vidas:

  1. No hacerse daño a sí mismo.
  2. Evitar que otros te hagan daño.
  3. No hacer daño a los demás.
  4. Hacerse el mejor bien posible a sí mismo.
  5. Hacer el bien que se pueda a los demás.

Para tenerlos presentes, tal vez podría ayudarnos pintar en un folio la silueta de nuestra propia mano abierta y escribir, dentro del espacio en blanco de cada dedo, estos cinco objetivos. El dibujo lo colocamos donde podamos verlo para reflexionar, de vez en cuando, sobre alguno de los cinco objetivos. Por ejemplo:

¿De qué forma me estoy haciendo daño a mí mismo? Puede ser con mi conducta, puede ser no alimentándome como es debido o creándome problemas con mis compañeros, etc. ¿Qué puedo hacer para remediarlo?

¿Quién me hace daño? ¿En qué cosas? ¿Por qué pretende esta o aquella persona hacerme daño? ¿Cómo puedo impedir que esta persona o esta situación me siga perjudicando? ¿Quién me puede ayudar a lograrlo?

Lo importante es ir depositando en la mente y en el corazón, el compromiso de dirigir la propia vida, de protegerse, de no hacer daño a los demás y de hacerles el bien que se pueda…

Bernabé Tierno.

Cuidar las formas

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Me gustan las personas amables, sencillas, que opinan dejando espacio al otro, que cuidan sus formas, que tienen un tono agradable, que reconocen cuando no saben algo, que piden perdón si se equivocan, que aceptan otras opiniones y otros enfoques.

No me gustan las personas arrogantes, tajantes, prepotentes, que lo saben todo mejor que nadie, que siempre tienen que tener razón y que tienen que tener la última palabra.

En las relaciones humanas es lógico y normal que surjan discrepancias. Cada uno tiene sus opiniones, gustos y preferencias y es prácticamente imposible estar de acuerdo en todo. Habrá momentos de desencuentro. Con la fricción es como si se hiciera un pequeño fuego. Si le tiras alcohol provocas un gran incendio y si le tiras agua, lo apagas. El agua son las palabras amables y el alcohol son las palabras o gestos ofensivos.

A veces los incendios lo provocan la descalificación y el insulto directo, pero hay palabras, mucho más dolorosas, que provocan un gran incendio sin pronunciar ningún insulto. Son palabras que dices, pero no pronuncias. Me refiero a la ironía y al sarcasmo. Hay auténticos especialistas.

Los seres humanos somos animales emocionales y racionales. Muchas veces, cuando alguien nos provoca y agrede, nuestro cerebro emocional decide actuar sin que la información llegue al cerebro racional y somos capaces de hacer o decir cosas de las que luego nos arrepentimos.

Cuando hablamos, nada de lo que decimos es neutro, todo es interpretado por la otra persona. Y “el otro” interpreta el contenido y las formas, es decir, el qué y el cómo.

Es imposible que siempre estemos de acuerdo en los “qué”. Pero si cuidamos las formas, si cuidamos el “cómo”, siempre estaremos lanzando agua. Si perdemos las formas, no importa si tenemos razón o no, la persona con la que hablamos se sentirá atacada y su actitud será negativa.

Podemos cuidar siempre nuestras formas y hablar sin imponer nuestras ideas. Siempre.

“Vivir la vida con sentido” de Víctor Küppers.