Deberías saber…

Uno debería saber que no pasa nada si te moja la lluvia, que el sereno no enferma, y que lo único que pasa cuando duermes con el pelo mojado es que mojas la almohada…

Uno debería saber que los fantasmas existen, en tu cabeza, y en la cabeza de los que no te entienden, o de los que dicen que estás loco.

Uno debería saber lo que es tener una pasión. Una pasión más grande que cualquier amor que hayas sentido.
Saber mirar dentro de sí y estar dispuesto a enfrentar que tal vez no todo te encante.

Uno debería saber lo que es un comienzo. Arrancar con una idea. Un sueño. Y saber reconocer cuando las cosas no salieron bien.
Que humildad significa saber perder. Y que perder no es tan malo como la gente piensa. Que se puede administrar la derrota, y buscar el triunfo a través del fracaso.

Uno debería saber abrazar de distintas formas. Uno debería conocer diez mil y más tipos de besos.

Uno debería saber que las mejores noches dan paso a las mañanas más duras. Que a veces hace falta la fuerza de un imperio para pararse de la cama.

Uno debería saber que las batallas no siempre se pelean, a veces también se abandonan.

Que uno no tiene nueve vidas, como los felinos, pero tiene más de una muerte.

Uno debería saber que el chocolate cura, que a veces el cigarro da vida, y que otras el alcohol fortalece, que algunas medicinas matan. Que a veces nos aferramos a muchos remedios cuando en realidad no estamos tan enfermos.

Que esas fotografías mentales que uno guarda son más valiosas que el oro puro.

Uno debe saber que el mal existe, pero no importa. Porque el bien existe y que eso es lo único que importa.

Uno debe saber que es necesario estar solo. A veces. Saber estar solo. Que estar solo es algo que se aprende. Bailar solo. Ir al cine solo. Comer solo. Ver televisión solo. Dormir solo. Pensar solo. Hablar solo. Encerrarse en un mundo que es inalcanzable para el resto de la humanidad. Inventar un universo. Caminarlo cuando uno siente que el mundo le queda pequeño y que nadie, nadie sabe lo que es probarse tus zapatos.

Que no siempre es bueno andar por la vida sin filtros y que te muestres tal cual eres.

Uno debería saber el poder que tiene una palabra. Que las amistades más importantes nacen cuando crees que ya tienes a todos los que necesitas. Que hay amistades que no las debilita nada.
Uno tiene que saber que a lo mejor toda una vida de amistad acaba cuando te das cuenta que ese amigo que creías tener era más producto de tu imaginación que de la realidad. Que a veces la realidad es desengaño.

Uno tiene que saber que el amor duele, que la lealtad es algo duro de mantener, que es fácil ser sincero hasta que la única forma de sobrevivir es decir una mentira. Uno tiene que saber que paga más ser honesto.

Uno tiene que saber que todo tiene un costo. Que todo en la vida es un compromiso. Que siempre va haber alguien que te pida algo a cambio.

Uno tiene que saber que recorrer un camino trazado por uno mismo implica quebrar muchas lanzas, rupturas, adioses, desencuentros, momentos de duda, de soledad, y una lucha constante de devolverse, o desviarse, de caminar un camino trazado por otro, que en apariencia es más fácil, pero que sólo lleva a un terreno donde hay arrepentimiento.

Uno tiene que saber que siempre habrá alguien que critique, que diga que no, que trate de cerrarte la puerta que tu quieres abrir porque le da miedo.

Uno debería saber que la libertad es algo interno, que la vida es un juego constante entre voluntad y destino.

Que ninguna decisión es definitiva.

Uno debería saber que mientras más complejo el objetivo más vale la pena deshacer todo y volver a empezar.

Uno tiene que saber que puede lograr cualquier cosa que se proponga.

Que los que tienen suerte son los que están convencidos de que la tienen.

Uno debería escuchar su cuerpo. Uno debería saber escuchar a su corazón… que a veces es necesario que manden los sentimientos, pero que es lógico dejar que sea la razón la que tenga la última palabra.

Uno debería saber que lo que dicen los demás tal vez te importa, pero que al final no cuenta para nada, que esa gente que uno llama los demás siempre termina por cambiar de opinión.

Y que la vida es de uno y de nadie más, que las decisiones son de uno y de nadie más.
Que se nace solo, y se muere solo, así que dejar de hacer las cosas por lo que otros piensen u opinen generan penas más grandes que cualquier paso errado, o en falso.

Que la mejor cura para una tristeza es que la cocina se llene de un olor que te recuerde tu infancia.

Que esta vida es maravillosa y hay que tratar siempre, siempre de ver lo bueno que hay, que por lo general es mucho.
Uno debería saber tantas cosas. Tantas cosas que a veces pareciera que una vida no basta.

Autor desconocido

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